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viernes, 16 de marzo de 2012

Capítulo 20



Me desperté temprano pero, recordando que día era aquel, cerré los ojos de nuevo, volviéndome a dormir.
Volví a despertar cuando el sol estaba alto y me daba de frente, iluminando todo. Me incorporé, Pablo seguía durmiendo y supuse que no se había levantado por mí. Me acerqué a él y lo besé.
-Despierta, dormilón-dije.
Abrió los ojos y se los restregó con una mano, tratando de despejarse.
-¿Qué hora es?-musitó observando el sol, de medio día.
-Tarde-contesté sin explicar más.
Se incorporó completamente y miró a Bucéfalo que pastaba.
-Buenos días, chico-saludó.
-¿Le das los buenos días al caballo y a mí no? Esto es flipante-me quejé.
Sacudió la cabeza.
-Y aún encima es un maleducado y no te los devuelve-volví a decir.
Suspiró.
-¿Qué pretendes qué hagamos hoy?-cortó.
-Pues he pensado que, como esto es un bosque y no hay mucho que hacer, podríamos buscar un lago o algo así, un río también vale, y pasarnos el día sin hacer nada-contesté con seguridad.
Se encogió de hombros. No le gustaba la idea. Prefería ir por ahí todo el día. Normal, como era algo tan divertido y seguro y… Me estaba empezando a enfadar.
-¡Cuando quieras vamos!-le grité al ver que seguía parado.
Asintió, turbado.
De verdad que cada vez lo comprendía menos. Y eso tenía una explicación. Él estaba cambiando. Esto le estaba afectando, estaba dejando de ser tan bromista para convertirse en alguien sereno y… No encontraba palabras para definir al ``nuevo´´ Pablo. Sólo quería que dejase de cambiar y volviera a ser como antes. Pero no, lo sucedido no se podía borrar ni modificar, quedaría impreso en nuestras vidas para siempre. Aunque era posible detener su avance y dejar todo detenido en un punto intermedio. Y sólo yo era capaz de hacerlo. Era demasiado para mí, que me hallaba sola, porque él, en ese caso, no podía ayudarme. Ni yo, ni él, lo entendíamos. Nos sentíamos diferentes y no sabíamos con certeza que era lo que cambiaba. Y no nos podíamos apoyar mutuamente, debíamos enfrentarnos solos.
Caminaba con la cabeza gacha y las riendas de Bucéfalo sujetas firmemente en la mano derecha. Lo observé. Había crecido. Ahora se mostraba más serio, tranquilo y pensativo pero yo no estaba segura de que ese cambio me gustara. Tal vez, la que debía cambiar era yo. Quizás, él había cambiado desde que no nos veíamos y yo hubiera continuado tal cual. Era yo la que no encajaba en eso. ¿Qué hacía yo allí? Molestar. Él ya no soportaba mis tonterías porque había crecido mientras que yo me había quedado atrás, esperando el momento de verlo de nuevo y olvidándome de lo demás. Como siempre, era culpa mía. Sólo había una cosa que no fuera culpa mía, la profecía. Y que Pablo fuera el elegido. Admiré su entereza, por haber callado, sabiendo que la culpa la tenía yo, y no haberme dejado tirada en aquel bosque cuando le produje problemas. Cualquiera lo habría hecho. Y, ahí, estaba el antiguo Pablo, tan noble y fiel, que cada vez se dejaba ver menos. Pero seguía estando allí, esperando el momento de poder resurgir de nuevo, quizás cuando todo terminase. ¿Pero quién era yo? ¿Había cambiado? ¿Me estaba cambiado por dentro aquel viaje? ¿Estaría cambiando mi percepción del mundo? ¿La relación nuestra? ¿Mi forma de ver a Pablo?
Esas dudas no se iban. Trataba de ahuyentarlas mediante todos los medios posibles pero ellas seguían ahí, flotando en el aire, esperando el momento en que me despistara, para volver a ocupar mi mente y sembrarla de mentira, odio y rencor.
Dudas y pensamientos inconfesables que no podía compartir con Pablo. Aunque, él, debería entenderlas y aceptarlas, tenía que quererme tal como era, con mis defectos y extraños pensamientos, con mi actitud positiva o pesimista por momentos, con mis chistes malos, con mis ideas alocadas y, lo más importante, sin tratar de hacerme cambiar lo más mínimo. Porque yo tampoco se lo pedía a él. No quería que cambiase, debía sentirse completo con uno mismo, para poder comprender, amar y respetar a los demás.
¿Tendría que hacérselo entender? Pero, hasta el momento, él no me había pedido que cambiara, lo había supuesto yo. ¿De lo que pensaba, qué era real y qué no? No lo sabía. Eran demasiadas cosas para comprender del tirón, había que asimilarlas lentamente. Uno, no admite que es elegido de una profecía de un lugar del que ni siquiera ha oído hablar y lo acepta al momento, con total naturalidad. Eso era lo mismo que me sucedía a mí. No podía admitir tantas cosas en un solo instante, conociendo el peso de lo que estaba barajando. Era como que, de repente, el pilar principal que levantaba mi vida hubiera sido arrancado y sustituido rápidamente por otro que había evitado que me derrumbase pero que no me hacía sentir del todo segura. No era fácil adaptarse al cambio pero podías soportarlo aunque te hiciese sentir confusa y te planteara dudas de cosas que antes habrías contestado con total seguridad, sin dudarlo un solo instante.
-¿Te parece bien aquí?-me sobresalté al escuchar la voz de Pablo, que me hizo volver a la realidad.
Miré a mi alrededor, tratando de comprender a que se refería. Estábamos en el bosque, pero en el lugar donde nos encontrábamos, había menos maleza y los árboles eran más bajos y menos frondosos. A nuestra derecha había un lago pequeño, de aguas cristalinas.
Asentí.
-A no hacer nada, se ha dicho-dije acercándome a la orillas.
Me tumbé bajo un árbol, a la sombra. Pablo se sentó a unos metros de mí, como si no se sintiera cómodo con mi cercanía. Eso me provocó un dolor sordo en el corazón y cerré los ojos, tratando de contener las lágrimas. Bucéfalo trotaba por el pequeño prado. Parecía alegre. Debía de ser el único.
Permanecimos mucho tiempo sin hablar, cada uno inmerso en sus más profundos sentimientos.
-¿Te pasa algo?-pregunté finalmente incapaz de resistir un instante más aquel silencio.
-No,nada-suspiró tras decirlo.
No me lo quería contar, si no le pasara nada, no estaría así. Y a mí no me engañaba.
-Lo siento. No sé que te he hecho pero lo siento-me disculpé.
-No has hecho nada-negó.
-¿Entonces porqué me tratas así?-pregunté, desesperada.
-¿Así, cómo?-su voz destiló desgana en cada palabra.
-Como si no te importara, ignorándome, como si te hubiera hecho algo…-comencé a decir las palabras atropelladamente y terminé por callar.
-Siento haberte hecho daño-se acercó hasta sentarse a mi lado-Estoy preocupado, es sólo eso.
-¿Ves? ¡Eso también me duele!-exclamé-¿Qué te preocupa? Creía que sabías que puedes confiar en mí-musité, dolida.
-Tenemos que aclarar muchas cosas-dijo Pablo-La primera, te amo, deberías saberlo. No te cuento lo que pienso por no preocuparte. Y, si me he mostrado, raro, lo siento, pero esto es muy complicado y tengo mucho que pensar-se disculpó.
-Yo… siento haber dudado de ti-empecé-Pero es que me parece que estás cambiando mucho y yo estoy…-confesé sin terminar la frase.
Apoyé la cabeza en su hombro, me acarició el cabello. Me sentía reconfortada.
-Por favor, cuéntame lo que te pase o te preocupe-pedí.
Asintió y permaneció pensativo unos minutos.
Lo miré a los ojos, verdes intensos que me provocaron un escalofrío.
-La profecía, me preocupa mucho; es imposible de cumplir-asentí, atenta a cada una de sus palabras-Y que Enlorth haya estado tan cerca nuestra. Y el móvil y la sudadera. Y Bucéfalo ¿qué puede hacer aquí? Y… he descubierto alguna que otra cosa-se detuvo, esperando mi reacción. Lo miré, animándolo a continuar-No estamos solos aquí. Hay alguien y andamos muy cerca-explicó.
-¿Es un shaedyan?-inquirí.
Negó con la cabeza.
-No creo. No se habría dejado descubrir ante nosotros que no tenemos ideas de rastreo ni nada por el estilo.
-¿Será el propietario del móvil?-pregunté.
Asintió.
-Puede ser. Debemos tenderle una trampa. Atraparlo y si es bueno, podrá ayudarnos, si no… Ya veremos.
-¿Y cómo lo piensas hacer?
-Pues tal vez con algún objeto y una cuerda o algo así-se encogió de hombros.
Asentí de nuevo.
-¿Cuándo lo atraparemos?-pregunté.
-Mañana daremos un rodeo, le cortaremos el paso y lo raptaremos-dijo.
Lo tenía todo planificado. ¡Qué listo era!
-Ahora me toca hablar a mí de nuevo-tercié-La profecía se puede cumplir, lo haremos y todo saldrá bien. Enlorth estuvo cerca pero no hemos vuelto a saber nada de él. Buce se perdió o algo. Y al intruso ese o lo que sea, lo pillaremos.
Asintió.
-Eso no lo dudo, conmigo como guía de exploración… Yo era el mejor boy scout-dijo, henchido de orgullo.
Me reí. Este ya se parecía más al Pablo que yo conocía.
-Ahora, disfrutemos-murmuró, tumbándose.
Me dio un suave beso en los labios. Asentí y le obedecí, permaneciendo así el resto de la tarde.

3 comentarios:

  1. Es genial te doy un 10 redondo!!!!!!!!

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  2. No sé por qué, pero me ha hecho llorar xDD Es más, sigo llorando ahora... Me gusta cómo has descrito lo que siente Noah, creo que ha sido eso lo que me ha llegado a la patatita.
    Seguiré leyendo :)

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