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viernes, 13 de julio de 2012

Capítulo 48


-¿Estás seguro de que no podemos hacer nada?-tragué saliva.
Vi que meneaba la cabeza. Observé sus ojos, anegados en lágrimas.
-Estamos muertos-susurró.
Me estremecí, empezando a aceptar el tamaño de los hechos. ¿Sería verdad que no teníamos nada que hacer? Pensé que debería haberme callado mi teoría pero, sería igual. Estaríamos igual me muertos.
-Debí de haberte hecho caso-repitió.
-Por mucho que lo digas ahora, nada va a cambiar-repliqué, ligeramente enfadada, con el mundo en general.
-Tienes razón.
Sacudí un pie, incómoda.
-Esto es una tortura-me quejé.
Se encogió de hombros.
Intenté buscar una vía de escape, algo que nos pudiera dar una breve ventaja, tiempo para escapar, planear… Pero estaba completamente bloqueada. No quería aceptar que aquel iba a ser nuestro final. Tiré un poco de las argollas de mis manos y, para mi sorpresa, estas cedieron casi imperceptiblemente.
-Pablo…-murmuré. Levantó la cabeza y me miró.
Le indiqué, sacudiendo ligeramente las argollas, que estas se movían, no estaban bien sujetas.
-Sigue-musitó-No pares, despacio, que no te oigan.
Obedecí sus órdenes y, tras un largo rato, mis manos se vieron liberadas. Todavía seguían atadas por las cuerdas pero ya las podía separar de la pared.
-Ahora, los pies-me animó-Venga, despacio, inténtalo.
Me costó muchísimo más soltar también los pies pero, lo conseguí. Me levanté, tambaleándome por el movimiento.
-¿Ahora?-pregunté.
Permaneció pensativo.
-Puedes intentar tirar abajo esa puerta y correr, pero tardarás bastante y para entonces te oirán…-comentó-Inténtalo con mis argollas.
Tiré con fuerza, estaban bien sujetas.
-No se sueltan-me desesperé.
Me agaché y empecé a tantear el suelo del carro.
-¿Qué haces?
-Busco una piedra, algo…-exclamé, desesperada.
Encontré una, pequeña y afilada.
-Eso no servirá, Noah-terció.
Empecé a darle golpes al metal, con toda la fuerza que pude. Y la argolla se aflojó un poco, por lo que tiré y la rompí. Sólo faltaba la otra mano, conseguí liberarlo.
Cuando los dos estuvimos liberados, al borde de caernos constantemente por culpa del bamboleo del carro, nos detuvimos a elaborar un plan de huida.
-Es casi completamente imposible escapar-se desanimó.
-Algo podremos hacer…-empecé.
-No-cortó, de inmediato-Obviando el hecho de que son muchos y fuertes, llevamos varias horas de viaje y ya es de noche: no llegaríamos muy lejos. De cualquier modo, nos atraparían-se quejó.
-Pero ¡debemos hacer algo, intentarlo! ¿Quieres decir que Arturo murió por nada?-acusé-¿Para qué te rindas sin ni siquiera luchar? ¡Eres, eres…!-no fui capaz de insultarlo-¡Horrible!-terminé-Y yo no soy la persona más indicada para sermonearte pero, ahora mismo, das vergüenza ajena-lo empujé y traté de alejarme de él en el pequeño espacio del carro.
-Noah, no tenemos oportunidades y, sinceramente, prefiero morir de una manera rápida a ser torturado o ver como te torturan-se estremeció.
Lágrimas huidizas corrían por mis mejillas. Llegaba a entender su punto de vista, pero debíamos luchar.
-La esperanza es lo último que se pierde-mi voz sonó extraña cuando lo dije.
-No en todos los casos…-protestó débilmente-¡Tienes razón! No puedo hacer esto-exclamó-Al menos tú debes de salir de aquí-se acercó y me rozó el pelo con la mano-No puedo permitir que te hagan daño.
Lo besé en los labios, sólo un roce. Mi única oportunidad era conseguir que se aferrara a esa oportunidad, salvarme. Luego, ya conseguiría arrastrarlo conmigo.
Miró hacia todos los lados.
-Vale, tengo un plan, muy malo pero un plan-declaró, tras un largo periodo de tiempo.
-Te escucho.
-Según mis cálculos (mejor dicho, mi opinión) tendremos que parar en breves momentos. Si nos abren la puerta, los aturdimos y escapas. Si no, tiramos la puerta, te cubro y escapas. Tienes que correr lejos, sin detenerte, todo lo rápido que puedas. Yo los detendré lo máximo que pueda, pero tú debes correr… ¿sabes en gimnasia, las pruebas de resistencia?-asentí, odiaba esas pruebas, se me daban fatal-Ya sé que las odias y todo eso pero debes hacer como si estuvieras haciendo una.
-Entonces, ¡no me muevo!-repliqué.
-El doble, triple, ¡lo que sea! ¡Correr!
-No lo pienso hacer-repuse con tranquilidad-Si tú no vienes conmigo, no iré a ningún lado. Sabes que sin ti, me perderé por cualquier lado y eso sí que es peor. No sé buscar agua, ni comida, ni tengo sentido de la orientación…-enumeré-¿Qué piensas ahora?
Me miró, indeciso. Él sabía que yo tenía razón. Y eso, era un punto a mi favor.
-Tienes razón-se rindió.
-¡Intentémoslo los dos! Podemos conseguirlo-no parecía demasiado animado pero aceptó.
-Esperaremos un rato, si no nos abren o nada, usaremos el plan B.
-¿Les habías puesto nombres?
Asintió.
-A los planes siempre se les pone nombre…
-¡Si vas al cine no dices plan A!-interrumpí.
-No es lo mismo un plan de sábado por la tarde que un plan de huida cuando tu vida está en juego-protestó.
De repente, el carro dejó de moverse tras una fuerte sacudida. Tragué saliva. Pablo me colocó estratégicamente detrás de él.
Pero la puerta, no se abrió en ese mismo instante. Pasaron los minutos y nada cambiaba. Cuando ya nos lanzábamos inquisitivas miradas, la puerta se abrió. Pablo se lanzó y yo lo seguí. Caímos con fuerza sobre esos hombres. Yo estaba confusa y arreaba patadas y puñetazos a diestro y siniestro. Un brazo tiró de mí hacia arriba y alguien me propinó un empujón, impulsándome hacia adelante. Empecé a correr. Me detuve un segundo para mirar atrás, Pablo me animó con un gesto a que continuara. Él estaba librándose de un hombre que le agarrara. Dudé y me detuve durante unos segundos. Después, corrí a ayudarlo. De una fuerte patada en la rodilla del hombre, que jadeó, doblándose hacia delante, Pablo fue capaz de liberarse. Seguimos corriendo. Nos adentramos en un bosque, que se extendía indefiniblemente a nuestra derecha.
En mi vida había corrido tan rápido. En menos de dos minutos, jadeaba y me dolía insoportablemente un costado, pero me obligué a seguir corriendo. Cuando no pude más, no podía respirar y el costado me reventaba, paré.
-Espera-conseguí pedir.
Me ayudó a sentarme. No conseguía respirar. Comencé a desesperarme, conocía esos síntomas, era un ataque de asma. Pablo me miró, preocupado. Traté de calmarme, eso me ayudaría.
-¿Estás bien?-preguntó. Era evidente que no. Sacudí la cabeza-Lo siento-se disculpó.
Pasó un largo tiempo hasta que respiré algo mejor. Y, todavía más, hasta que lo hice con normalidad. Pablo me ayudó a levantarme.
-Sé que necesitas descansar pero…
Asentí y comenzamos a caminar muy despacio.
Teníamos hambre, frío y sueño. La noche, muy cerrada y la intermitencia de los rayos de luna por culpa de las nubes, nos impedían continuar  con nuestro camino. Así que, nos tumbamos bajo un árbol. Me abrazó.
-Siento mucho todo esto…
-Shh, descansa-ordené con suavidad.
Cerró los ojos y apoyó su cabeza sobre mi pelo.
-Por un momento pensé que…-noté que se estremecía.
Lo abracé con fuerza.
-¿Cómo lo pensaste si quiera?-pregunté-¡Estoy hecha a prueba de balas!-bromeé.
-¿Y de falta de oxígeno?-susurró, todavía serio.
-Eso también-reí.
Tras eso, intentamos dormir. Estábamos muy nerviosos y éramos incapaces de pegar ojo, aunque la sorpresa llegó con el alba.
Me desperté, sobresaltada. Había oído gritos. ¿Gritos? Me esforcé en recordar donde estaba. Me incorporé y vi a unos hombres corriendo hacia nosotros, con armas. Debían de ser más de una docena.
-¡Pablo!-exclamé.
Él ya estaba despierto, levantándose. Me tendió la mano y me colocó a su espalda, retrocedimos hasta toparnos con un árbol.
Me apretó la mano.
-¡Quietos!-bufó uno-Ayer nos la jugásteis pero hoy, la cosa será muy distinta-aseguró.
Me mordí el labio inferior con fuerza.
-Ahora mismo, por dejarme en ridículo-continuó-nos encantaría ensartaros con una lanza como a pinchos morunos, ¿a que sí, chicos?-les guiñó un ojo a sus compañeros que dejaron escapar malvadas sonrisas-Pero no podemos hacerlo, porque Enlorth y Shylia se enfadarían mucho. Aunque no han dicho nada de que os castiguemos-dio un paso adelante.
Noté que Pablo trataba de avanzar, pero lo retuve a mi lado. Me oculté tras su espalda, para susurrarle:
-¿Estás loco? ¡Para!
Vi que él también se mordía el labio.
-Cómo la toquéis…-comenzó, lanzándome una mirada de reojo.
Los hombres rieron escandalosamente.
-Chaval, no estás en condiciones de amenazar-señaló uno con voz grave.
-Bueno, terminemos con esto, no tenemos todo el día-retomó el monólogo él que parecía ser el líder-Separaos.
Dudé un instante y no me aparté. Pablo tampoco hizo algún gesto de obediencia, al contrario, levantó la cabeza con altanería. Nos la estábamos jugando.
-Chicos, yo de vosotros, obedecería-señaló un guardia (había decidido que eran guardias de Enlorth y Shylia)-No tenemos buen humor-me guiñó un ojo, cómplice.
Traté de retroceder, asqueada.
A un gesto de su jefe, nos apuntaron con sus arcos, espadas y lanzas. Un gesto más y estaríamos muertos. Entonces recordé que no podían matarnos. Tal vez a mí sí. ¿O yo iba incluida en el pack del elegido? Lo más sabio era que se libraran de mí cuanto antes, pero mejor que no se les ocurriera.
-¡Se acabó!-gritó el jefe con rabia ante nuestro mutismo, tratábamos de no mostrar nuestro miedo.
Unos hombres dieron unos cuantos pasos en nuestra dirección. Pablo miró en todas direcciones, viéndonos atrapados. Apoyé mis manos en su espalda, en un gesto de cariño. Él no se movió.
Uno de los guardias apoyó una lanza sobre el pecho de Pablo.
-Camina lento hacia delante.
Obedeció. Lo seguí, vacilante.
-¡Ey! Tú quieta ahí-me ordenó el jefe.
Hice como si no lo escuchara y continué adelante.
-¿No me has oído?-bramó.
-Noah-me detuve al oír que Pablo me llamaba. Me dirigió una serena mirada, en la que quería decir que obedeciera. Me detuve.
Por lo visto, el guardia que hablara antes tenía razón, no eran demasiado amables.
-Levanta las manos.
Pablo obedeció, de nuevo. Ahora no oponía resistencia, se limitaba a cumplir las órdenes que le transmitían.
-Al suelo.
Se puso de rodillas. El jefe dio unos pasos en su dirección y le propinó una patada en el pecho. Escuché un jadeo ahogado. Noté el sabor de la sangre que manaba de mi labio en la boca por culpa de haberme mordido el labio con demasiada  fuerza.
-¡Pablo!-grité, corriendo en su dirección.
-¡Quieta ahí!-me ordenaron.
Continué en esa dirección hasta que dos guardias se interpusieron en mi camino, sujetándome.
Uno de ellos acercó con el mayor disimulo posible su cabeza a la mía.
-Chica, no queremos haceros daño-miró a los demás guardias-Él-señaló a su jefe-No dudará en hacéroslo. Quédate aquí-parecía triste. Me mostró un amago de sonrisa que desapareció en menos de un parpadeo.
Traté de tranquilizarme.
-¿Cómo creéis que ha quedado mi reputación ahora que os habéis escapado?-habló con calma-¡Por los suelos!-gritó, dándole otra patada a Pablo, que gruñó.
Sollocé. No podía hacer nada. Yo sola no podía hacer nada contra ese número de soldados. Aquel hombre estaba loco. Y lo estaba pagando con Pablo. Siguió pegándole y gritando durante un rato en el que me desesperé y sufrí. Después de ese horrible espacio de tiempo, se detuvo.
-Vámonos.
Y echó a andar. Lo observé. Me acerqué a Pablo, corriendo. Nadie trató de detenerme. Me incliné y vi que respiraba con dificultad. Le acaricié el pelo, apartándoselo de los ojos.
-Ya terminó-susurré con la voz quebrada-¿No pensáis ayudarle?-hablé en voz alta.
-Que se levante y camine-me respondió el jefe.
-Pero… pero ¡no puede!-exclamé con rabia.
-He dicho que me sigáis.
No se detuvo.
-Me quedaré yo atrás, vigilándolos-aclaró el guardia que antes me advirtiera.
Cuando los demás se pusieron en marche, mientras yo trataba de conseguir que Pablo fuera capaz de caminar, miró que los demás no lo observaran y se nos acercó. Me puse delante de Pablo, pensando que iba a volver a golpearlo.
-No le voy a hacer daño-permanecí delante, insegura-Vamos, quiero ayudaros-susurró-me aparté. Sujetó el brazo de Pablo y empezó a incorporarlo-Cógelo del otro brazo y vigila que no venga nadie-asentí, agradecida.
Entre los dos, fue mucho más fácil levantarlo. Apoyó uno de sus brazos sobre mis hombros y comenzamos a caminar muy lentamente. Le dirigí una sonrisa a modo de agradecimiento. En los ojos grises del hombre vi lo triste que era mi sonrisa.
-¿Crees que tienes algo roto?-le pregunté en voz muy baja a Pablo, que apenas podía hablar.
Se encogió de hombros.
-No sé, tal vez una costilla. Te aseguro…-se detuvo para recuperar el aliento-Que nunca nada me doliera tanto.
Sentí una punzada de dolor en el pecho.
-Lo siento, no fui capaz de arriesgarme por ti-me odié por ser tan cobarde. Lo mismo había pasado con Arturo y ahora estaba muerto.
-No quería que lo hicieras-respondió, apenas un leve susurro.
-Debí haberlo hecho-protesté en voz baja.
Negó con la cabeza.
-Espera-suplicó, tambaleándose.
Lo ayudé a apoyarse en un árbol.
-¿Qué pasa ahí atrás?-rugió el jefe.
-Vamos muy despacio-contestó el guardia de ojos grises-Seguid avanzando, nosotros descansaremos unos minutos.
-Está bien-accedió el jefe-Pero continuad enseguida.
-Gracias-no fui capaz de expresarme mejor.
Me sonrió.
-Tenemos poco tiempo y muchas cosas que comentar-urgió en cuanto los guardias se perdieron de vista-Soy seguidor de Kaelida.
-¿Hay más entre los soldados? ¿Nos ayudaréis?-pregunté, esperanzada.
Sacudió la cabeza, destruyendo bruscamente mis esperanzas.
-Necesito sentarme-me suplicó Pablo.
-No, no lo hagas. Si no, luego será más difícil levantarlo-me advirtió el hombre.
Sostuve como pude a Pablo en pie.
-No somos muchos y no podemos rebelarnos, nos matarían. Sólo podemos ayudarnos en la medida de lo posible.
-Espera, tengo que contarte una teoría-empecé a sincerarme, hablando de Enlorth y Akyan.
Se sorprendió pero aceptó mi teoría.
-Tenemos que mirar si tiene algo roto-musité, mirando con preocupación a Pablo, que tenía los ojos cerrados.
Le levantamos la camisa. Ya empezaba a salirle un moratón por todo el abdomen. Apoyé con delicadeza mis dedos en su pecho magullado. Gimió y los aparté.
-Yo… lo siento-me disculpé.
No me respondió.
-Por cierto, me llamo Veol-se presentó el guardia de ojos grises.
Su pelo no era demasiado largo y era de color azul desvaído.
-Yo Noah. Y él, Pablo-nos presenté.
Veol apoyó suavemente sus manos sobre el pecho de Pablo y comenzó a ejercer fuerza en determinados puntos.
Yo le sujetaba la mano derecha con fuerza, tratando de darle fuerzas.
-No sé…-declaró-Hay cosas que no tienen demasiado buen aspecto. Lo siento, Gyet es un bestia-pronunció su nombre con asco-Debemos ponernos en marcha antes de que nos añoren demasiado.
-¿Puedes caminar?-le pregunté a Pablo.
Asintió con la cabeza. Era mentira, apenas podía permanecer de pie. Dio unos pasos, vacilante.
-¿Cuánto nos queda de camino?-miré a Veol con preocupación.
-Bastante. Os adentrasteis mucho en el bosque. Siento no poder ayudaros en nada más-parecía sentirlo de verdad.
Se colocó al otro lado de Pablo y le indicó que se apoyara. Así, avanzamos más rápido.
-Te lo agradecemos.
-Tengo un amigo, seguidor de Kaelida también, en el castillo de Enlorth. Intentaré comunicarme con él para que trate de ayudaros.
Asentí. En ese momento, podría haber golpeado a Veol y escapar, no habría sido difícil. Pero, Pablo y yo no podríamos avanzar rápido y nos darían caza. Además, podía dejar a Pablo pero no pensaba hacerlo. Y, Veol nos estaba ayudando. Era capaz de imaginar el castigo que le pondría su jefe si lo viera ayudándonos. Al cabo de un rato, Veol se alejó de Pablo.
-Creo que ya estamos cerca de ellos-explicó.
Asentí.
-Sólo una pregunta más, ¿sabes qué nos harán?
Su respuesta tardó en llegar.
-No lo sé.
-Mientes, sí lo sabes-nos sobresaltó Pablo, que levantó la cabeza y lo miró-Nos matarán ¿verdad?
Veol asintió, compungido.
-¿Puedo pedirte un último favor?-suplicó Pablo. Veol asintió, algo temeroso por su petición-¿Crees que podrías…podrías…salvarla?-terminó finalmente, mirándome con dulzura-Debería de haberla protegido mejor pero…-no continuó hablando.
-Lo intentaré-lo tranquilizó.
-¡NO!-grité. Me tapé la boca, pensando que podrían oírnos-Pablo, creo que este tema ya está sobreexplotado. Quiero ayudarte.
-Y yo quiero que sigas viva-replicó, con fuerza.
-¿Qué haría si…si te pasara algo?-susurré.
-Seguir tu vida. Los seguidores de Kaelida encontrarían el modo de devolverte a casa, y seguirías con tu vida, como si yo nunca hubiese existido, como si esto nunca hubiese sucedido.
-Sabes que jamás podría hacer algo parecido.
-Puedes intentarlo, por mí.
-Y tú, también por mí, puedes no rendirte, eres demasiado pesimista-acusé.
Se calló.
-¿Lo harás?-volvió a preguntar en voz alta, dirigiéndose a Veol.
El aludido asintió.
A lo lejos, vimos a los demás.
Continuamos en silencio. Aunque a Pablo le costaba una inmensidad caminar, sobre todo ahora que íbamos a una velocidad mayor, no se quejaba.
Los alcanzamos en un par de minutos, nadie nos preguntó nada.
Al final, tras unas largas y tortuosas horas, salimos del bosque.
Nos acercaron a un carromato.
-Como volváis a intentar algo parecido…-amenazó Gyet, preparando su pierna para propinarle una nueva patada a Pablo. Con rapidez, me coloqué delante de Pablo, sin miedo. Gyet se detuvo, sacudiendo la cabeza-Niñata-gruñó.
Respiré, aliviada.
Nos abrieron la puerta del carro. Subí y ayudé a Pablo.
-Por favor-supliqué-No lo atéis, no podrá hacer nada. A mí sí, me da igual, pero dejadlo libre.
Los guardias encargados de la tarea se miraron.
-Yo no creo que ella sea demasiado peligrosa. Pero antes…
-Podéis atarme-repetí-Sólo os pido que a él no.
Accedieron. Me colocaron los grilletes con bastante delicadeza.
Les dirigí una sonrisa de agradecimiento y los guardias evitaron mi mirada, también parecían tristes.
-No tenías que hacerlo-me dijo-Podría haber salido mal.  Y eso de ponerte antes en medio…-me sermoneó.
-Veo que te encuentras algo mejor-susurré, con las mejillas coloradas. De repente, me sentía cohibida a su lado, sin saber porqué.
-Sólo un poco menos machacado.
Se incorporó un poco.
-Aún te iba a volver a dar-protesté-Qué hijo de…
Se encogió de hombros.
-Quería dejar las cosas claras.
Se levantó a duras penas del banco de enfrente y se sentó con delicadeza a mi lado. Agaché la cabeza, de manera que el pelo ocultara mi expresión y no mostrara mi sonrojo. Me acarició la mejilla. Luego, posó una mano en mis labios, acariciándolos. Me estremecí. La apartó con brusquedad.
-Esto es sangre-dijo, desconcertado-¿Qué pasó?-su mirada verde, habitualmente benevolente, se volvió dura.
-Antes me mordí el labio.
Volvió a pasar su dedo sobre mis labios, limpiando los restos de sangre que todavía quedaban.
-¿Estás cómoda con las argollas esas?-preguntó.
Asentí. Cómoda no estaba, pero era soportable además de que no podía hacer nada por remediarlo.
Vi que tenía los puños apretados por el dolor.
-No estás mejor-le dije.
Él se encogió de hombros.
-Ahora eso da igual.
Me acarició el pelo con mucha delicadeza.
-No soy capaz de aceptar que nunca volveré a hacer esto.
-No tienes que aceptar nada, lo volverás a hacer-aseguró.
-Noah, no empieces, sabes que…
Se calló y permanecimos en silencio. Luego, me besó.
Cuando se alejó, susurró una única palabra:
-Perdóname.
-No hay nada que perdonar-me acarició la mejilla.
Apoyé la cabeza en la pared.
-Ven-me pidió, abriendo los brazos, para que apoyara la cabeza en su pecho.
-¿Estás seguro? Eso te dolerá-titubeé.
Asintió. Parecía segurísimo de si mismo.
Me coloqué con suavidad, tratando de no lastimarlo.
No hablamos. Fui consciente, admitiendo lo que Pablo había dicho, de que aquel era, probablemente, nuestro último momento juntos. Las lágrimas comenzaron a deslizarse en silencio por mi rostro. Algo húmedo cayó sobre mi pelo, mojándolo. Él también lloraba. Me sequé las lágrimas con todo el disimulo que fui capaz. Lo miré a los ojos, tratando de contener mis lágrimas.
-Lo siento-se disculpó-Ha sido un momento de bajón por el dolor-miró su pecho, como si eso lo explicara todo.
Asentí, fingiendo que lo creía. Ambos sabíamos porque lloraba.

6 comentarios:

  1. Me has hecho llorar a mí también T__T Jo, no quiero que se acabe ya, aunque luego haya una segunda parte, no quiero que se acabe... :(

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  2. No quiero que esto se acabe, me has echo llorar con este capitulo. Con este capitulo me has dejado en vilo, con ganas de saber que pasar

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  3. No!! Me has echo llorar con este capitulo... No quiero que mueran. Sigue! Estoy deseando saber que pasa!!!

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  4. Este capítulo es precioso, ¡nos has hecho llorar a todas! Malvada... ¬¬

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  5. ¡Hola socia! Vine a parar a tu blog por la campaña de un club más unido, por El Club de las escritoras. Espero hacerme un tiempito para leer alguno de tus relatos ^^ y como estoy pasando rápidito, sólo te dejo mi blog por si te interesa verlo, y tal vez encuentres algo que te guste: http://www.un-gemelo-en-cada-mano.blogspot.com También te invito a que lo sigas, ja ja ja. Saludos.

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  6. ahh me has hecho llorar, que triste...!! Eres una mala mala chica ¬¬ Tengo ganas de saber mas!! e.e' estoy deseando leer la 2º parte ewe
    Un beso cielo, hay un nuevo capítulo de reflejo:
    http://amormasalladelaunicidad.blogspot.com.es/

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